Más allá de la postura
El Día Internacional del Yoga, el solsticio de verano y la responsabilidad de comprender lo que practicamos
El Día Internacional del Yoga coincide con el solsticio de junio. Sin embargo, muchas celebraciones modernas enfatizan el desempeño físico sin explorar suficientemente la historia, la filosofía y el significado cultural de las prácticas que realizamos. Esta reflexión nos invita a pasar de la participación automática hacia una práctica informada, respetuosa y verdaderamente significativa.
Cada año, el 21 de junio, personas de todo el mundo se reúnen para celebrar el Día Internacional del Yoga. Los estudios ofrecen clases especiales, las comunidades organizan prácticas al aire libre y las redes sociales se llenan de imágenes de cuerpos moviéndose a través de posturas conocidas.
Como esta celebración coincide con el solsticio de junio, muchas actividades también incorporan rituales relacionados con el cambio de estación: 108 Saludos al Sol, prácticas llamadas “mandalas de yoga”, ceremonias de intención, cantos, meditación y otras expresiones destinadas a honrar al sol o a reconocer un momento de transición en el ciclo anual.
Hay algo profundamente hermoso en esta participación colectiva. El yoga ha atravesado fronteras geográficas, lingüísticas, religiosas y culturales, y ha tocado la vida de millones de personas. Para muchas, ha sido una fuente de fortaleza, estabilidad, comunidad, sanación y conexión interior.
Sin embargo, su popularidad global también nos plantea una responsabilidad.
Nos pregunta si comprendemos lo que estamos celebrando.
Nos pregunta si sabemos por qué se eligió el 21 de junio, qué significado tenía el yoga dentro de la visión original de esta celebración internacional y qué representan realmente las prácticas que repetimos.
Nos invita a preguntarnos si participamos con reverencia e intención consciente, o si simplemente reproducimos aquello que se ha vuelto popular.
Esta reflexión no pretende oponerse a las celebraciones públicas, a la práctica física, a las secuencias creativas ni a la realización de 108 Saludos al Sol. Es una invitación a pasar de la repetición inconsciente hacia una participación respetuosa.
Es un recordatorio de que el yoga no solo nos pide realizar ciertas prácticas. También nos pide estudiar, cuestionar, discernir y comprender.
Por qué el 21 de junio se convirtió en el Día Internacional del Yoga
El Día Internacional del Yoga comenzó con una propuesta presentada por el primer ministro de India, Narendra Modi, durante su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas el 27 de septiembre de 2014.
En ese discurso, Modi no presentó el yoga únicamente como un sistema de ejercicio físico. Lo describió como un valioso regalo de la antigua tradición de India: una práctica capaz de unir mente y cuerpo, pensamiento y acción, disciplina y plenitud, así como la vida humana y el mundo natural.
También señaló que el yoga ofrece un acercamiento holístico a la salud y al bienestar, y que su propósito más profundo es ayudarnos a descubrir una sensación de unidad dentro de nosotros mismos, con el mundo y con la naturaleza.
La Asamblea General de las Naciones Unidas estableció formalmente el 21 de junio como Día Internacional del Yoga mediante la Resolución 69/131, aprobada el 11 de diciembre de 2014.
La resolución fue adoptada sin votación después de recibir un apoyo internacional extraordinariamente amplio. Su propósito era aumentar la conciencia mundial sobre los múltiples beneficios del yoga y promover una visión más integral de la salud y el bienestar.
La primera celebración oficial tuvo lugar el 21 de junio de 2015.
Esta historia es importante porque revela el espíritu original de la fecha.
La intención no era simplemente motivar a más personas a hacer ejercicio. Era reconocer el yoga como una tradición holística capaz de contribuir al bienestar individual, la armonía social, una vida más consciente y una relación más equilibrada entre la humanidad y la Tierra.
Por qué importa el solsticio
El 21 de junio fue propuesto, en parte, porque coincide con el solsticio de junio, un acontecimiento de importancia astronómica y cultural en muchas partes del mundo.
En el hemisferio norte, el solsticio de junio marca el inicio del verano astronómico y el período de luz diurna más largo del año. En el hemisferio sur, sin embargo, este mismo momento corresponde al solsticio de invierno y al día con menos horas de luz.
Recordar ambos hemisferios nos ayuda a no presentar una experiencia geográfica particular como si fuera universal.
En 2026, el solsticio ocurre el 21 de junio, aproximadamente a la 1:24 de la madrugada, hora del Pacífico. En ese instante, el hemisferio norte se encuentra inclinado de manera más directa hacia el sol, mientras el hemisferio sur entra en su período estacional de mayor oscuridad.
El solsticio es un umbral.
La palabra proviene de una expresión latina que sugiere que el sol “se detiene”. Desde nuestra perspectiva en la Tierra, parece hacer una pausa en el punto más lejano de su recorrido estacional antes de comenzar a cambiar de dirección.
Simbólicamente, esta aparente pausa nos ofrece una invitación.
Antes de apresurarnos a realizar otra secuencia, otro ritual o una nueva celebración, podemos detenernos y preguntar:
¿Qué está cambiando? ¿Qué ha alcanzado su plenitud? ¿Qué necesita ahora comenzar a girar? ¿Qué merece nuestra atención antes de continuar?
Aquí es donde el solsticio y el yoga pueden encontrarse de una manera verdaderamente significativa.
No solamente porque ambos se relacionan con el sol, sino porque ambos nos invitan a reconocer el ritmo, la transición, la relación y el movimiento entre la actividad exterior y la reflexión interior.
El yoga es más que ejercicio, pero tampoco es una sola cosa
Es importante no sustituir una simplificación por otra.
Nunca ha existido una única expresión del yoga. El yoga se ha desarrollado a través de numerosas tradiciones filosóficas, contemplativas, devocionales, ascéticas, terapéuticas y corporales originadas en India.
Sus significados y prácticas han cambiado según los períodos históricos, las regiones, los textos, los linajes y las comunidades. Las tradiciones hindúes, budistas y jainistas han trabajado con prácticas e ideas relacionadas con el yoga, y dentro de cada una de ellas existe una enorme diversidad.
Por lo tanto, honrar el yoga no significa pretender que existe una forma única, pura e inmutable que se ha practicado exactamente de la misma manera durante miles de años.
Sin embargo, esta diversidad tampoco significa que el yoga sea simplemente ejercicio o que la palabra pueda significar cualquier cosa que deseemos.
A través de sus distintas expresiones, el yoga se ha ocupado de preguntas que van mucho más allá de la condición física:
¿Cuál es la naturaleza de la mente?
¿Cuáles son las causas del sufrimiento?
¿Cómo debemos vivir?
¿Cómo cultivamos una atención estable?
¿Cuál es la relación entre el ser individual y la realidad?
¿Qué significan la devoción, el autoconocimiento y la liberación?
El reconocimiento del yoga por parte de la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad refleja esta amplitud.
Su descripción incluye posturas, meditación, regulación de la respiración, canto y otras técnicas destinadas a cultivar la autorrealización, aliviar el sufrimiento y avanzar hacia la liberación. La UNESCO también reconoce la influencia del yoga en la vida de India en áreas como la salud, la educación, las artes, la ética y la espiritualidad.
La práctica física pertenece al yoga, pero no constituye la totalidad del yoga.
Āsana puede fortalecer el cuerpo, mejorar la movilidad, regular el sistema nervioso, desarrollar la percepción y prepararnos para prácticas más sutiles. Puede ser una puerta auténtica hacia el yoga.
La dificultad comienza cuando presentamos la puerta como si fuera toda la casa. El cuerpo puede ser la puerta de entrada al yoga, pero no es la casa completa.
Cuando la celebración se aleja de su intención original
Existe una contradicción evidente en muchas celebraciones contemporáneas del Día Internacional del Yoga.
La fecha fue propuesta para reconocer la sabiduría holística del yoga y su capacidad de cultivar unidad entre cuerpo, mente, acción, sociedad y naturaleza. Sin embargo, muchas celebraciones públicas se concentran casi exclusivamente en las posturas físicas.
El evento puede convertirse en una gran clase de acondicionamiento físico. El énfasis puede colocarse en la cantidad de participantes, la dificultad de las posturas, la finalización de una secuencia exigente o la producción de imágenes visualmente impactantes. En algunos casos, la fecha se convierte en otra oportunidad para promocionar un estudio, una marca, productos relacionados con el bienestar o la imagen personal de quien enseña.
Ninguno de estos elementos invalida automáticamente una reunión. Movernos en comunidad puede ser alegre, beneficioso y profundamente humano. Los negocios también necesitan sostenerse. El problema es de proporción y de representación.
Cuando desaparecen la filosofía, la ética, la respiración, la meditación, el contexto cultural y la autoindagación, el fragmento físico comienza a representar por sí solo a toda la tradición. Entonces, el yoga se presenta principalmente como algo que el cuerpo realiza, en lugar de una disciplina que transforma la manera en que percibimos, nos relacionamos, elegimos y vivimos.
En el sistema clásico de Yoga de Patañjali, āsana es solo uno de los ocho miembros del camino. Los demás incluyen restricciones éticas, observancias personales, regulación de la respiración, interiorización de los sentidos, concentración, meditación y absorción contemplativa. Ahiṃsā, la no violencia o el no hacer daño, encabeza el fundamento ético de este camino. Aparigraha nos invita a examinar el aferramiento y la acumulación. Svādhyāya nos llama al estudio y a la autoobservación.
Esto no significa que cada clase del 21 de junio deba convertirse en una conferencia sobre los Yoga Sūtras, ni que Patañjali represente todas las tradiciones del yoga. Sí significa que vale la pena cuestionar una celebración del yoga limitada únicamente al desempeño postural intenso.
Si la práctica no influye en la manera en que nos tratamos, tratamos a otras personas, nos relacionamos con otras culturas o cuidamos el mundo viviente, deberíamos preguntarnos hasta qué punto refleja el propósito original de esta celebración.
Intercambio cultural, participación cultural y apropiación cultural
La expansión global del yoga no es, por sí misma, apropiación cultural.
Las tradiciones siempre han viajado. Se transforman mediante el contacto, la traducción, la adaptación y la relación humana sincera. Muchos maestros y maestras de India llevaron deliberadamente las enseñanzas del yoga más allá de su país y las ofrecieron a estudiantes internacionales. Una persona no necesita ser india para practicar yoga, beneficiarse de él, amarlo o enseñarlo con responsabilidad.
La cuestión central no es la propiedad cultural entendida de una manera simplista. Es la calidad de nuestra relación con la tradición.
La participación cultural se vuelve problemática cuando una tradición es extraída de su historia y de las comunidades que la han sostenido, despojada de su contexto original, empaquetada para el consumo comercial y presentada sin reconocimiento. Se vuelve aún más problemática cuando quienes popularizan o se benefician económicamente de una versión extraída reciben mayor autoridad y visibilidad que las personas pertenecientes a las culturas de donde provino ese conocimiento.
Diversos estudios han documentado cómo el yoga transnacional moderno se convirtió en una industria global altamente comercializada, dentro de la cual ciertos conocimientos tradicionales han sido franquiciados, registrados como marcas privadas o presentados como creaciones intelectuales individuales.
El problema no es que quienes enseñan cobren por su trabajo, ni que el yoga deba permanecer congelado en el pasado. El problema aparece cuando el material sagrado y filosófico se convierte únicamente en materia prima para el mercadeo.
La apropiación puede manifestarse cuando:
se ignoran o borran deliberadamente las raíces indias del yoga;
se emplean términos sagrados sin estudiarlos;
se agregan palabras en sánscrito solamente para hacer que una clase parezca más exótica o espiritualmente autorizada;
las deidades, yantras, maṇḍalas, mudrās o mantras se utilizan principalmente como decoración;
una persona inventa una práctica, pero la presenta como una enseñanza antigua de linaje;
se comercializan ciertos elementos mientras se descartan sus fundamentos éticos, devocionales o filosóficos;
se ignoran las voces de maestros, practicantes y académicos del sur de Asia, mientras se trata a voces no sudasiáticas como las principales autoridades sobre la tradición;
una práctica culturalmente significativa se transforma en competencia, estética o producto de consumo sin reconocimiento suficiente.
La participación respetuosa comienza de otra manera. Reconoce las fuentes, nombra honestamente las adaptaciones modernas, estudia antes de enseñar, escucha a personas de las culturas de origen, y permanece humilde frente a los límites del propio conocimiento.
Existe una diferencia importante entre decir: “Este es un ritual antiguo del solsticio que los yoguis han practicado durante miles de años”.
Y decir: “Esta es una práctica contemporánea inspirada en el carácter sagrado del número 108, el simbolismo del sol y las formas modernas de Sūrya Namaskāra”.
La segunda afirmación no le quita significado a la práctica. La vuelve más honesta.
Comprender el 108 antes de realizar 108 repeticiones
Una de las formas más conocidas de celebrar el solsticio en las comunidades contemporáneas de yoga es realizar 108 Saludos al Sol.
El número 108 posee asociaciones sagradas y auspiciosas en distintas tradiciones dhármicas, entre ellas el hinduismo, el budismo y el jainismo. Aparece en la oración, la recitación devocional, los nombres sagrados, los templos, las clasificaciones textuales, los sistemas rituales y el simbolismo contemplativo. Un japa mālā tradicional suele contener 108 cuentas para la recitación, además de una cuenta mayor conocida como guru o meru.
Existen numerosas explicaciones sobre el significado del 108. Algunas son escriturales, cosmológicas, matemáticas, astronómicas, lingüísticas, rituales o simbólicas. Estas interpretaciones provienen de tradiciones y períodos diferentes, por lo que no deberían combinarse como si existiera una única explicación universalmente aceptada.
De la misma manera, la reverencia hacia Sūrya, el sol, posee profundas raíces en India. El sol es honrado en himnos védicos, rituales, tradiciones devocionales y observancias cotidianas. Sin embargo, la antigua veneración solar, el uso sagrado del 108, el Sūrya Namaskāra postural moderno y la costumbre contemporánea de realizar 108 Saludos al Sol durante el solsticio no provienen necesariamente de una sola práctica histórica continua.
Las investigaciones sobre la historia del Sūrya Namaskāra señalan que la secuencia dinámica conocida por la mayoría de los practicantes modernos está vinculada, en gran medida, a formas más recientes de cultura física y yoga moderno. No fue presentada como una secuencia de āsanas en los sistemas más antiguos de yoga de la misma manera en que suele presentarse hoy.
Esto no significa que realizar 108 Saludos al Sol sea falso, vacío o irrespetuoso. Las tradiciones continúan desarrollándose, y los rituales nuevos también pueden adquirir una profundidad espiritual genuina.
Una secuencia de 108 salutaciones puede convertirse en un mālā en movimiento:
Cada vuelta, una cuenta.
Cada respiración, una oración.
Cada regreso, una oportunidad de soltar la distracción y renovar la intención.
Puede expresar disciplina, devoción, recuerdo, gratitud y entrega. Pero su significado no debe darse por sentado.
Tampoco deberíamos convertir la finalización de las 108 repeticiones en una medida de sinceridad espiritual.
Cuando la práctica se presenta como un desafío de resistencia, puede reforzar precisamente las tendencias que el yoga nos invita a observar: el ego, la comparación, el apego al logro, la falta de atención hacia el cuerpo y la necesidad de demostrar algo.
Una práctica ofrecida desde ahiṃsā debe permitir modificaciones, descanso, quietud, canto, meditación e incluso la decisión de no realizar la secuencia.
Una persona que completa doce rondas con atención puede estar practicando más profundamente que alguien que obliga al cuerpo a realizar 108 únicamente para poder decir que terminó.
El número debe estar al servicio de la práctica. La persona practicante no debe ser sacrificada al número.
¿Qué queremos decir cuando hablamos de un “mandala de yoga”?
La palabra maṇḍala también se utiliza con frecuencia en las clases modernas, generalmente para describir una secuencia que gira hacia distintas direcciones del tapete o se desplaza de manera circular.
Una secuencia circular o multidireccional puede ser creativa, inteligente y profundamente contemplativa.
Moverse alrededor del tapete puede ayudarnos a interrumpir patrones habituales, desarrollar concentración y representar corporalmente la naturaleza cíclica de las estaciones.
Sin embargo, un maṇḍala tradicional no es simplemente cualquier cosa que se mueva en círculo.
En ciertas tradiciones tántricas hindúes y budistas, los maṇḍalas funcionan como diagramas sagrados utilizados en el ritual y la meditación.
Pueden representar el universo, un campo consagrado, un reino divino, la estructura de la conciencia o la morada y presencia de una deidad.
Llamar “mandala flow” a una secuencia circular es una adaptación moderna. Puede ofrecerse respetuosamente, pero idealmente quien enseña debería comprender el término, explicar por qué lo utiliza y evitar atribuirle una autoridad tradicional que la secuencia no posee.
Podríamos decir, por ejemplo: “Esta secuencia circular contemporánea está inspirada en el simbolismo del maṇḍala como un campo sagrado y ordenado. Al movernos en cada dirección, regresaremos repetidamente al centro”.
Esta breve explicación cambia la calidad de la experiencia. Transforma el término, de una palabra decorativa, en una invitación al aprendizaje.
El problema no es la innovación, sino la inconsciencia
El yoga nunca ha permanecido completamente estático. Cada maestro o maestra transmite desde un idioma, un cuerpo, una cultura, un momento histórico y una comunidad particular. La adaptación es inevitable.
La pregunta no es si el yoga puede evolucionar. La pregunta es si somos transparentes respecto a la manera en que está evolucionando.
Una práctica moderna no necesita afirmar que posee orígenes antiguos para tener valor. Una secuencia creativa no se vuelve más sagrada porque reciba un nombre en sánscrito. Un ritual estacional no necesita un linaje inventado para adquirir significado.
La honestidad también es una disciplina yóguica.
Podemos aprender a distinguir entre:
prácticas directamente vinculadas con un texto o linaje particular;
prácticas adaptadas de formas tradicionales;
convenciones modernas desarrolladas dentro de la cultura global del yoga;
y propuestas personales o creativas inspiradas en principios yóguicos.
Estas categorías pueden superponerse, pero nombrarlas ayuda a que los estudiantes desarrollen discernimiento. También nos permite honrar la tradición sin pretender que cada costumbre familiar de los estudios contemporáneos ha existido desde tiempos antiguos.
Antes de participar, podemos aprender a preguntar
La práctica respetuosa no requiere un conocimiento perfecto. Ningún maestro ni estudiante comprende todas las dimensiones de la vasta historia del yoga. Lo importante es cultivar la humildad necesaria para hacer preguntas antes de repetir o enseñar algo.
Antes de dirigir o participar en una celebración especial, podríamos preguntar:
¿De dónde proviene esta práctica?
¿Está vinculada con un linaje, texto, costumbre regional, tradición devocional o maestro específico?
¿Qué significa la terminología?
¿Estoy utilizando palabras como mantra, maṇḍala, chakra, tantra, guru o pūjā con precisión, o solamente porque crean una atmósfera espiritual?
¿Es una práctica tradicional, adaptada o nueva?
¿Puedo comunicar esa diferencia con honestidad?
¿Por qué estamos utilizando este número, símbolo, secuencia o ritual?
¿Qué comprensión se ofrece junto con la acción?
¿La forma refleja los valores que afirma honrar?
¿Una práctica física intensa encarna verdaderamente ahiṃsā? ¿Una celebración de la unidad incluye cuerpos, capacidades, edades, culturas y realidades económicas diferentes?
¿Qué voces han informado mi comprensión?
¿He aprendido de maestros, practicantes, textos y estudiosos de India y del sur de Asia? ¿O solamente de fuentes que ya han traducido el yoga a través de un lente comercial occidental?
¿Qué sucede después del evento?
¿La celebración influirá en la manera en que hablamos, consumimos, enseñamos, servimos, nos relacionamos con la naturaleza y respondemos al sufrimiento? ¿O el yoga terminará en el momento en que enrollemos el tapete?
Estas preguntas no tienen la intención de crear miedo ni de impedir la participación. Ayudan a transformar la participación en práctica.
Una forma más completa de observar el Día Internacional del Yoga
Una celebración más fiel al espíritu del Día Internacional del Yoga no necesita rechazar āsana. Puede devolver āsana al campo más amplio del yoga.
Una reunión podría comenzar reconociendo que el yoga se originó en India y que ha sido preservado, desarrollado, debatido y transmitido por generaciones de practicantes y maestros.
Podría explicar por qué las Naciones Unidas establecieron esta fecha y por qué se eligió el 21 de junio.
Podría introducir un principio ético —quizás ahiṃsā, satya, aparigraha o svādhyāya— e invitar a las personas a explorar cómo ese principio puede vivirse más allá del tapete.
La práctica física podría ofrecerse como una experiencia de investigación corporal en lugar de un espectáculo. La respiración podría recuperar un lugar central. También podrían incluirse meditación, silencio, estudio, mantra presentado dentro de un contexto adecuado o escritura reflexiva.
Una persona que dirija 108 Saludos al Sol podría explicar tanto el carácter sagrado del número como la naturaleza contemporánea de combinarlo con un ritual postural del solsticio.
Las personas podrían ser invitadas a completar una cantidad de rondas apropiada para su cuerpo, contar respiraciones, repetir un mantra, permanecer en meditación o dedicar cada ciclo a una persona, un lugar o un propósito.
Una práctica llamada “mandala” podría incluir una explicación real del maṇḍala como orden sagrado e invitar a las personas a reflexionar sobre lo que significa regresar una y otra vez al centro.
La celebración también podría incluir seva, servicio desinteresado, mediante el cuidado ambiental, la ayuda comunitaria, la recolección de alimentos, el apoyo mutuo u otra acción que extienda la práctica más allá del bienestar individual.
Una celebración de esta naturaleza no sería menos accesible. Sería más completa.
Permitamos que el solsticio sea una pausa
El solsticio de junio señala un momento en el que el sol parece detenerse antes de cambiar de dirección.
Quizás el Día Internacional del Yoga también pueda convertirse en una pausa dentro de la cultura global del yoga.
Puede ser un momento para agradecer hasta dónde ha viajado el yoga y, al mismo tiempo, preguntarnos qué pudo haberse perdido durante ese recorrido.
Puede ser un momento para celebrar el cuerpo sin reducir el yoga al cuerpo.
Puede ser un momento para recibir la innovación sin inventar la historia.
Puede ser un momento para recibir los regalos de otra cultura sin borrar a las personas, los idiomas, las filosofías y las tradiciones que los transmitieron.
Puede ser un momento para reemplazar el desempeño por la indagación, el consumo por la relación y la repetición inconsciente por la comprensión.
Tal vez la pregunta más importante del Día Internacional del Yoga no sea:
¿Cuántos Saludos al Sol completé?
Sino:
¿Qué comprendí con mayor profundidad gracias a mi práctica?
¿Me hizo más atenta?
¿Más honesta?
¿Más compasiva?
¿Más consciente de lo que consumo y de aquello de lo que me apropio?
¿Más respetuosa hacia las tradiciones de las que aprendo?
¿Más capaz de reconocer la dignidad y la interconexión de la vida?
Si el yoga es un movimiento hacia la integración, entonces la comprensión no puede permanecer separada de la participación.
El respeto no puede permanecer separado de la celebración.
Lo que hacemos con el cuerpo no puede permanecer separado de la manera en que vivimos.
Antes de repetir el ritual, utilizar la palabra sagrada, realizar la secuencia o compartir la fotografía, podemos detenernos.
Podemos aprender de dónde proviene la práctica.
Podemos preguntar qué significa.
Podemos reconocer aquello que todavía no comprendemos.
Y entonces, con mayor humildad, gratitud y conciencia, podemos participar.
Quizás esa pausa sea una de las maneras más honestas de honrar tanto el solsticio como el yoga.
Una invitación a la reflexión
Al celebrar el Día Internacional del Yoga o el solsticio, considera elegir una práctica para explorarla con mayor profundidad. En lugar de preguntarte solamente qué vas a hacer, haz una pausa para preguntarte por qué lo haces, de dónde proviene y de qué manera su significado podría influir en tu forma de vivir más allá del tapete.
Nota sobre la autora
Karla Castillo es maestra de yoga, terapeuta de Ayurveda Yoga y estudiante permanente de la filosofía del Yoga. Su enseñanza se fundamenta en la comprensión de que el yoga no es solamente algo que realizamos con el cuerpo, sino una disciplina viva de conciencia, relación, autoestudio y participación ética.